Estrategias, planes estratégicos, evaluación de una empresa, modelos de negocios, innovación, nuevas TI, digitalización, páginas web, Fintech, Starup, etc. Estas herramientas no tienen ningún significado y objetivo sino tenemos, el punto de partida de nuestro emprendimiento, el punto de llegada, nuestros objetivos y la razón de ser de nuestra empresa.
Fred R. (2013) recomienda que las organizaciones desarrollen una declaración por escrito de la misión para así: Asegurar la unanimidad de propósito dentro de la organización, establecer el clima organizacional, contar con un punto focal que los individuos identifiquen con la dirección de la organización, etc. Thompson. Peteraf, Gamble y Strickland (2012) señalan que una visión constituye las opiniones y conclusiones de la alta administración, sobre el rumbo de la compañía en el largo plazo y sobre la mezcla de productos, mercado, cliente y tecnología que parezca óptima para el futuro. Los valores organizacionales indican las formas de actuación en el trabajo para alcanzar los objetivos trazados. En este sentido, Cain (2009) y Ballvé y Debeljuh (2006) plantean que la diferencia entre las organizaciones que soportan una crisis y las que fracasan, reside en lo fuerte de sus valores reconociéndose como factores críticos de éxito.
Suena importante y lo es, la Misión, Visión y valores son la “rayada de cancha” que permite utilizar las herramientas nombradas en el primer párrafo para lograr los fines del emprendimiento, el error es no entender que la Misión y Visión de una empresa, no es “enriquecer a los emprendedores”, las empresas tiene una razón de existir, satisfacer algún deseo(s) (necesidades) de los clientes, la idea es que satisfagan estos deseos (necesidades) con los productos o servicios ofrecidos por la empresa.
Los errores estratégicos, la falta de experiencia en el “viaje” hacia sus fines y las malas decisiones se asocian a salirse de la “cancha” o no tenerla, ni siquiera la falta de experiencia es una causa para no tener definida la Misión, Visión y valores de un emprendimiento.
En mi carrera como ejecutivo de empresas he visto como algunos emprendedores, incluso con experiencia, confunden los objetivos de su empresa con los personales. Concéntrese primero en los fines de su empresa, en sus clientes, en el camino; después, en el crecimiento y en sus propios objetivos.
Importante es la evaluación constante, chequear periódicamente si está jugando en su cancha, evaluar si “ese” proyecto, aparte de rentable, no se sale afuera de la cancha, y si no sabe, asesórese.
Manlio Maban R.
Director Grial Asesorías SPA